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Definición
Este
trastorno es equivalente al Trastorno por atracones que se caracteriza
por atracones recurrentes de comida con sensación de pérdida de control
y gran malestar físico y psicológico. No se acompañan de conductas compensatorias.
Las características del atracón son similares a las de la bulimia nerviosa
y está presente una falta de control, una ingesta rápida, una baja saciedad
y sentimientos de disgusto y culpabilidad tras el atracón. Para que
se cumpla el diagnóstico de trastorno por atracones es preciso que provoquen
una importante insatisfacción durante y después del episodio de ingesta
excesiva.
Para cumplir criterios de trastorno por atracones es preciso que estén
presentes por lo menos dos días por semana durante los seis meses anteriores
al diagnóstico. Estos atracones no deben formar parte de un trastorno
bulímico o anoréxico.
Criterios
diagnósticos del trastorno por atracón
A.
Episodios recurrentes de atracones. Un episodio
de atracón se caracteriza por las dos condiciones siguientes:
(1) Ingesta, en un corto período de tiempo (p. ej., en 2 horas),
de una cantidad de comida definitivamente superior a la que la mayoría
de gente podría consumir en el mismo tiempo y bajo circunstancias similares.
(2)
Sensación de pérdida del control sobre la ingesta durante el episodio
(p. ej., sensación de que uno no puede parar de comer o controlar qué
o cuánto está comiendo).
B.
Los
episodios de atracón se asocian a tres (o más) de los siguientes síntomas:
(1) Ingesta
mucho más rápida de lo normal.
(2)
Comer hasta sentirse desagradablemente lleno.
(3)
Ingesta de grandes cantidades de comida a pesar
de no tener hambre.
(4)
Comer a solas para esconder su voracidad.
(5) Sentirse
a disgusto con uno mismo, depresión, o gran culpabilidad después del
atracón.
C.
Profundo malestar al recordar los atracones.
D.
Los atracones tienen lugar, como media, al menos
2 días a la semana durante 6 meses.
E.
El atracón no se asocia a estrategias compensatorias
inadecuadas (p. ej., purgas, ayuno, ejercicio excesivo) y no aparecen
exclusivamente en el transcurso de una anorexia nerviosa o una bulimia
nerviosa.
Psicopatología
asociada
Al
trastorno por atracones se asocia habitualmente los trastornos del estado
de ánimo tales como la depresión o la ansiedad. La consecuencia más
importante del trastorno por atracones, de los comedores compulsivos,
es la obesidad. Estos pacientes tienen tendencia al sobrepeso primero
y a la obesidad después. Se entraría aquí en el capítulo de las complicaciones
físicas y psicológicas de la obesidad.
La mayoría de obesidades son debidas a un desequilibrio energético de
carácter positivo en el que se observa una ingesta excesiva, un consumo
energético insuficiente o ambas situaciones.
En general, se acepta que los obesos comen de forma excesiva y, a este
respecto, la psicología ha intentado elaborar modelos explicativos de
esta conducta de sobreingesta. Uno de ellos establece que las personas
obesas tienen problemas de personalidad que alivian comiendo en exceso.
Un segundo modelo explicativo considera la ansiedad como un factor determinante,
ya que los obesos tienden a utilizar la sobreingesta para reducir la
activación emocional ante una situación de alta ansiedad.
Se considera a la obesidad un problema social y psicológico, más allá
de su conceptualización como un problema exclusivamente médico. Hemos
de destacar, sin embargo, que las características propias de la obesidad,
así como la existencia de un elevado número de complicaciones físicas
inherentes a la misma, enmarca el problema siempre dentro del contexto
de la salud física.
Las personas obesas tienen que enfrentarse a la discriminación que produce
el prejuicio. Se ha observado que las jóvenes obesas tienen menos probabilidades
de encontrar pareja que las de normopeso, y cuando lo hacen, tienen
más probabilidad de descender en la escala social que las no obesas.
Resulta particularmente triste el prejuicio y la discriminación hacia
las personas obesas por parte del personal sanitario. Estas actitudes
negativas de algunos médicos se han atribuido a la frustración que les
supone sus infructuosos esfuerzos en el tratamiento de la obesidad,
aunque, después de haber detectado este tipo de prejuicios en médicos
que apenas tenían experiencia en el tratamiento de obesos, parece que
las actitudes sociales negativas hacia la obesidad influyen más que
sus propias experiencias.
La obesidad es un problema que presenta una elevada incidencia en población
general (del 30% al 50%) y es por ese motivo, junto al hecho de que
suele ir asociado de otros trastornos, que el abordaje suele ser multidisciplinar.
Habría que distinguir claramente cuándo la obesidad es una enfermedad,
un problema médico que requiere un tratamiento concreto, cuándo es causa
de déficits psicológicos, falta de habilidades y recursos que también
requieren una intervención específica y cuándo estamos hablando meramente
de cuestiones estéticas. Sin embargo, sea cual sea el caso, es necesario
corregir lo inadecuado, pero aceptando nuestro propio cuerpo.
Parece lógico pensar que estos aspectos sociales influirán en mayor
o menor medida en la población con problemas de obesidad. De hecho,
es frecuente observar alteraciones, si no psicopatológicas, sí psicológicas
relacionadas directamente con el exceso de peso. Las personas más afectadas
por esta valoración social de la obesidad son las mujeres jóvenes y
de estatus socioeconómico medio-alto o alto, aumentado el problema si
han padecido el sobrepeso desde la infancia. Una población de especial
riesgo, además de la infantil, es la adolescente, dado que las consecuencias
de la discriminación social se agravan en estas edades, afectando a
todas las áreas del desarrollo afectivo, personal, comportamental y
de relaciones interpersonales.
A diferencia de la anorexia y bulimia nerviosa, la obesidad no se considera
un trastorno psiquiátrico, sino más bien un problema que puede acarrear
alteraciones médicas importantes y que, por lo tanto, supone un riesgo
para la salud. Sin embargo, después de lo expuesto, parece claro que
existen otros posibles aspectos asociados que complican esta cuestión.
Así la estigmatización y los prejuicios que la sociedad actual tiene
contra los obesos y que afecta a todas las áreas de la vida de estas
personas, desde la educacional, afectiva y familiar hasta la laboral,
genera una serie de desventajas y alteraciones psicológicas significativas.
Vicente
Turón Gil
Centro Investigación y Tratamiento de los Trastornos de la Alimentación
(C.I.T.T.A.).
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